
El 18 de julio de 1936 estallaba la Guerra Civil española. Aquel mismo día grupos de republicanos exaltados movidos por el odio a la Iglesia y a todo lo relacionado con ella, asaltaban los templos de las principales ciudades de España sembrando la destrucción a su paso. Sevilla había corrido mejor fortuna que otras poblaciones nacionales en los sucesos acaecidos tras la proclamación de la II República en abril de 1931, casos de Madrid o especialmente Málaga, donde en apenas veinticuatro horas desapareció la práctica totalidad del patrimonio religioso que se custodiaba en las iglesias, conventos y demás edificios religiosos. No obstante, aunque en menor medida en una triste comparación con otros ejemplos, la ciudad de la Giralda también habría de padecer la sinrazón de la iconoclastia y el anticlericalismo expresado a través del ataque a algunos de sus templos más históricos y señeros ubicados en el denominado «Moscú sevillano», caso del que nos ocupa, donde eran veneradas dos imágenes de gran valía artística y gran corriente devocional, titulares de la hermandad de los castellanos nuevos o de los Gitanos, como era y es conocida. Efectivamente, la Iglesia de San Román se hallaba situada casi en el centro de esa zona de la ciudad poblada por las clases más modestas de la sociedad sevillana, en su mayoría de ideología republicana y contraria al dominio que la Iglesia había ejercido desde tiempo inmemorial. El incendio intencionado del mismo se llevó consigo las dos imágenes titulares de la cofradía calé, ambas relacionadas con el quehacer del escultor sevillano José Montes de Oca y León (ca. 1683-1754). Sigue leyendo «La noche más negra de la Hermandad de los Gitanos»

