Una joya perdida de Mena: la Virgen de Belén

Virgen de Belén (Iglesia de Santo Domingo, Málaga). Pedro de Mena (ca. 1666). Destruida en 1931

Después de demasiado tiempo sin escribir aprovechamos estas fechas donde conmemoramos la Natividad del Señor para tratar de enmendar el susodicho abandono de nuestro blog. Y como decimos, a propósito de tan singular celebración para el mundo cristiano como es el Nacimiento de Nuestro Salvador, vamos a evocar a una de las más perfectas imágenes salidas del taller del célebre escultor granadino Pedro de Mena y Medrano (1628-1688). Hablamos de la tristemente desaparecida Virgen de Belén que se veneraba en la iglesia del antiguo convento de Santo Domingo El Real y San Carlos. La pérdida de aquel grupo escultórico puede considerarse una de las más tristes no solo del arte de su autor sino también de la plástica española del siglo XVII. Considerada por la crítica como una de las obras cumbres de Mena, es también uno de los ejemplares más celebrados del tema de la Virgen con el Niño de la escultura barroca.

Detalle de la Virgen de Belén obra de Pedro de Mena

Detalle de la Virgen de Belén obra de Pedro de Mena

El conjunto de referencia fue concertado -junto al famoso y también desaparecido Crucificado de Santo Domingo– por el fraile dominico y obispo de Málaga, el veleño Alonso de Santo Tomás, a la sazón Prior del Real Convento de Santo Domingo y Provincial de Andalucía. Fray Alonso fue a su vez un verdadero mecenas para las artes de su tiempo y protector de los artistas, entre los que se hallaban el propio Pedro de Mena y el amigo y maestro de éste, su paisano Alonso Cano. Mena, establecido en Málaga desde 1658 para la finalización de la sillería del coro de la catedral, instalándose en una casa que el cabildo catedralicio le había asignado en la calle de los Afligidos, había viajado a Madrid entre 1662 y 1664 reclamado por don Juan de Austria, debiendo ser a su regreso cuando recibió el doble encargo que hemos señalado. Por lo tanto, la soberbia Virgen de Belén hubo de tallarse hacia 1666 aproximadamente. Si el formidable Crucificado fue emplazado en la Sala de Profundis contigua al Refectorio, la imagen de la Virgen sería colocada en el transparente, tras el altar mayor del templo. Ya desde entonces los propios frailes comenzaron a advertir sus valores emotivos y comunicativos, intrínsecos -por otra parte- al arte de Mena. Con posterioridad el conjunto escultórico y su magnífico retablo de líneas barrocas atribuido al propio escultor, serían trasladados bajo el pilar izquierdo del crucero, a los pies del arco triunfal que antecede a la capilla mayor, lugar donde permanecerían hasta su destrucción.

Altar de la Virgen de Belén en la Iglesia de Santo Domingo (al fondo el altar mayor)

Altar de la Virgen de Belén en la Iglesia de Santo Domingo (al fondo el altar mayor)

Nave central de Santo Domingo

En el pilar izquierdo del arco del triunfo de la Capilla Mayor se encontraba el retablo de la Virgen de Belén, gemelo del dedicado a San José del lado derecho

El primer erudito que se percató de la calidad de la escultura fue Antonio Palomino en su obra de 1724, recogiendo el mecenazgo de Fray Alonso como contratante de la obra. Palomino, quien pudo admirar tanto al Crucificado como a la Virgen, destacaría que ambas obras causaban la admiración de cuantos las veían. Cerca de dos siglos más tarde, el escritor y crítico malagueño Ricardo de Orueta subrayaba las extraordinarias virtudes artísticas de la Virgen de Belén en su conocida monografía sobre Pedro de Mena publicada en 1914. Orueta también tuvo la dicha de poder estudiarla de cerca además de fotografiarla, algunos de cuyos retratos ilustran el presente artículo. De la maravillosa pieza dominica destacó el gran cariño con el que su autor la trabajó, así como el equilibrio de sus delicadas formas. Asimismo, afirmaba que la Virgen era de una hermosura severa y tranquila; de una dignidad señorial. Por su parte, el prestigioso historiador granadino Manuel Gómez-Moreno expresaba en 1928 -a propósito del tercer centenario del nacimiento del artista- al dedicarle un comentario a la imagen: “si entre todas sus obras hubiésemos de salvar una para el goce de la posteridad, no sería sino ésta”. Ítem añadió: “…cuyo semblante es el más bello y humano de cuantos esculpiese Mena para representar a una Virgen no embargada por la pena”. Su hija Mª. Elena Gómez-Moreno señaló en 1963 que Mena realizó su más bella versión del tema de la Virgen con el Niño con este ejemplar de la iglesia de Santo Domingo, lamentándose profundamente de su pérdida acaecida apenas treinta años antes. Ya en nuestros días, el profesor Lázaro Gila Medina en una monografía actualizada del escultor granadino, se refería a la Virgen de Belén como el prototipo iconográfico del artista.

El grupo escultórico fotografiado por Orueta (el retablo debía hallarse en restauración ya que faltan las columnas)

El grupo escultórico fotografiado por Orueta (el retablo debía hallarse en restauración ya que faltan las columnas)

La representación de la Virgen con el Niño o Virgen de Belén se trata de un tema de gran aceptación en el arte español. Mena halló su propio modelo en la plenitud de su exitosa trayectoria artística, modelo que encontraba precedentes en la propia escuela de su Granada natal en lienzos del cartujo Sánchez Cotán o de su amigo, maestro y colaborador Alonso Cano, quien a su vez legó piezas de escultura como también hizo su propio padre Alonso de Mena. Empero, el modelo que inspiró a Pedro de Mena fue el de Alonso Cano, tanto en pintura con su Virgen con el Niño (1635-37) de la Catedral de Sevilla o la Virgen del Lucero (1646-48) del Museo Provincial de Granada, como en escultura con el grupo conservado en el museo catedralicio granadino. Precisamente y como apuntó Manuel Gómez-Moreno, en 1666 Cano estuvo en Málaga, fecha problable de la ejecución de la Virgen de Belén, por lo que Mena pudo contar con el asesoramiento del Racionero. En estas representaciones se trataba de reflejar la humanidad de María mostrándola como una madre que sostiene a su hijo en el regazo con suma ternura, como una madre más. La Virgen de Belén de Santo Domingo participaba de estas características iconográficas presentando al Niño en su brazo izquierdo mientras que con la mano opuesta sostenía el pañal con delicadeza y suavidad, envuelta en un halo de nobleza y dignidad. Por su parte, la efigie del divino infante resumía la consumada destreza de Mena en los temas infantiles, mostrando la figura de un niño de gracejo encantador y travieso movimiento que le hacía perder la estabilidad girándose al espectador a la par que reflejaba sorpresa y felicidad. Mientras la madre trataba de cambiar la ropa de su hijo con gesto severo pero entrañable, el niño jugueteaba sobre ella perdiendo el equilibrio y aferrándose a su brazo. Por Orueta conocemos que la policromía mate probablemente conferida por el pintor Luis de Zayas (vecino de Mena y padre de su discípulo Miguel Félix de Zayas), era de tonos azules en el manto y carmines en el vestido, mientras que las carnaciones eran de tonos claros y las cabelleras de tonos castaños en la Virgen y más rubios los del Niño. Tomando como referente esta descripción y otras esculturas del mismo asunto talladas por el artista, hemos dado color a las antiguas fotografías del propio Orueta.

 

Sendos detalles de la cabeza de la Virgen de Belén calcinada

Sendos detalles de la cabeza de la Virgen de Belén calcinada (Fotos: Murillo Carrera)

Por desgracia y como dijo Enrique Lafuente Ferrari, España es un país que ha destrozado muchísimo su patrimonio. La excepcional Virgen de Belén del antiguo convento de Santo Domingo fue salvajamente destruida en la mañana del 12 de mayo de 1931 por un grupo incontrolado de iconoclastas y anticlericales que incendiaron y destruyeron la iglesia y todo su patrimonio durante la Quema de Conventos sufrida por nuestra ciudad. De su altar, incluido el retablo dorado de salomónicas columnas que tras el hermoso medallón acristalado acogía tan encantadora escena escultórica, solo pudo encontrarse la cabeza chamuscada de la Virgen. Con su incomprensible e injustificable destrucción se perdió una de las joyas del arte de Pedro de Mena y una de las piezas escultóricas más valiosas de la ciudad.

Virgen de Belen (corpiño carmin)


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