El Santo Cristo de la Columna de la Iglesia de la Merced

Jesús de la Columna (Francisco de Paula Gómez Valdivieso, 1799). Iglesia de la Merced. Destruido en 1931. (Fotocoloreado del autor)

El primitivo titular de la popular cofradía de la Columna pereció en el ataque iconoclasta a la Iglesia de la Merced en la mañana del 12 de mayo de 1931 durante la Quema de Conventos de Málaga, donde fue quemada en una sacrílega pira a las puertas del templo junto a otras imágenes y objetos de culto. Aquí volvemos a detenernos en una imagen cuyos rasgos hemos conocido a través de las estampas y fotografías en blanco y negro y a las que hemos dado policromía. Estos colores nos pueden aproximar a lo que fue este icono de Jesús atado a la Columna durante el martirio de la Flagelación. Podemos ver a la efigie del Señor en su peana-trono de carrete de madera obscura tallada por el tallista local Andrés Rodríguez Zapata en 1899, dispuesta sobre la solería de la histórica y lamentablemente desaparecida Iglesia de la Merced, situada en la nave central del templo y con la imagen orientada hacia el altar mayor del mismo, a espaldas de la puerta principal que daba a la plaza. El grabado podría haber sido realizado durante su arreglo para la salida procesional de aquella Semana Santa, puesto que, existe otra fotografía similar a la que mostramos donde la talla luce ya el faldellín o paño de pureza de tela. La escultura presenta los aditamentos clásicos del gusto dieciochesco local, como la larga cabellera de pelo natural peinada a base de tirabuzones, la ráfaga compuesta por rayos biselados y flamígeros en la que resaltan tres haces rematados por estrellas de seis puntas simulando potencias y el cordón dorado a modo de soga que rodea el cuello donde destaca un medallón. Tras la imagen se adivinan las diferentes capillas del recinto sacro, las que serían del lado del Evangelio donde se encontraba la capilla del Señor, con sus rejas de forja. En las basas de las pilastras vemos las estaciones del piadoso Vía-Crucis y, en la más cercana, una pila de agua bendita. Junto al Cristo aparece otra peana de tallas doradas sobre fondo obscuro. Apenas se distingue el dibujo ajedrezado del embaldosado.

El antiguo Cristo de la Columna en su altar de la iglesia del Merced (Foto original: Ricardo de Orueta, ca. 1913 / fotocoloreado del autor)

El antiguo Cristo de la Columna en su altar de la iglesia del Merced (Foto original: Ricardo de Orueta, ca. 1913 / fotocoloreado del autor)

El segundo cliché pertenece al archivo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) cuyo original fue obtenido por Ricardo de Orueta en torno a 1913, cuando trabajaba en su monografía sobre Pedro de Mena publicada un año después. Orueta disparó tres veces su cámara o al menos esas instantáneas son las que se conocen de aquella serie y se custodian en el citado catálogo. La que hemos coloreado nos muestra al Cristo de la Columna en su altar, cobijado en su camarín acristalado que para la sesión fotográfica fue abierto como puede comprobarse en la imagen siguiente y evitar así los reflejos lumínicos. Podemos advertir las líneas arquitectónicas del retablo de estilo neoclásico y reminiscencias rococós, donde destacan las nervaduras del cupulín y las columnas de fuste liso en jaspeados imitando mármol. Hemos optado por darle tonos ocres, blanquecinos y dorados a las partes visibles del aparato lignario, siguiendo el estilo de los retablos decimonónicos que debió ser la época en que se construyó el de aquella capilla mercedaria, la segunda de la nave del evangelio. El Santo Cristo aparece hermoseado con su larguísima y ondulada cabellera de pelo natural, maniatado por un cíngulo dorado en lugar de la cadena de eslabones áureos de los días señalados, luciendo la ráfaga de culto diario y desprovisto de la pureza textil que llevaba en sus cultos y en la procesión. La columna destaca por su coloración violácea y la modesta peana de capilla en tonos almagra y oro. Junto al Señor se adivina un ramo de flores de talco…

Primitivo Jesús de la Columna en su retablo neoclásico de la iglesia de la Merced. En primer término el trípode de Orueta. (Foto: Ricardo de Orueta, ca. 1913. Archivo CSIC)

Jesús de la Columna en su retablo neoclásico de la Iglesia de la Merced. En primer término, el trípode de Orueta. (Foto: Ricardo de Orueta, ca. 1913. Archivo CSIC)

Esta última fotografía nos describe una escena verdaderamente curiosa a la par que maravillosa. Está tomada por el mismo Ricardo de Orueta que en su encuadre recoge su propio trípode, por lo que debió contar con dos para aquel trabajo. El crítico artístico debió situar uno más alejado para captar a la imagen en su retablo además del que se ve en la instantánea que usó para obtener planos más cercanos. Para ello podemos observar varios detalles. La hoja de cristal del camarín ha sido abierta y una caja de madera o similar hace de tope para evitar el cierre; para acceder a la cerradura de la puerta vidriada se ha levantado el paño de altar y así no mancharlo con las suelas de los zapatos; el jarrón de la izquierda con las flores de talco ha sido retirado y colocado sobre la mesa de altar para que no entorpezca la visión de los planos cercanos del Cristo y así poder admirar su fisonomía con más detalle…

La confraternidad que veneró este brillante simulacro de Jesús flagelado tiene un origen incierto, ya que, se desconoce la fecha exacta de su erección.  Hasta el año de 1682 no se tuvieron noticias de su existencia, fecha en la que aparece en un testamento como Hermandad del Santo Cristo de la Columna de la Iglesia de la Merced, en cuyo legajo se recogía el deseo de un hermano de ser amortajado con una túnica de lienzo de la citada corporación. Desde aquel tiempo y hasta 1799 no se conocen más datos de la vida de la cofradía -históricamente vinculada al gremio de los herreros-, momento en el que la misma convocó concurso público para la realización de una imagen de su titular. Al mismo concurrieron los escultores locales Mateo Gutiérrez y Francisco de Paula Gómez Valdivieso, siendo éste último el que logró el encargo de la obra al ser elegido por 33 votos frente a los 22 de su compañero, previa votación secreta. Ambos artistas habían sido previamente convocados al Cabildo General celebrado el día 2 de febrero de aquel año bajo la presidencia del Comendador del extinto Convento de Nuestra Señora de la Merced, Fray José Brust y Cámara. Valdivieso ejecutaría una escultura ciertamente magnífica que, en palabras del profesor Sánchez López, poseía un modelado espléndido. Asimismo añade: El estudio anatómico de los brazos y, sobre todo, de las piernas exhibía apreciables cualidades plásticas, subrayadas por el corto sudario ceñido a los muslos y a las caderas sin interrumpir el contorno. Los valores dramáticos se concentraban en la expresión torturada del rostro y en la patética impresión transmitida por la postura de la talla. Esta postura era, en efecto, de gran dramatismo al presentar la figura arqueada con la cabeza hundida y la mirada dirigida al suelo, mostrando un gesto de sumisión y abatimiento. Junto a esta efigie, el artista entregó un juego de cuatro ángeles querubines en actitud compungida y llorosa que figuraban a los pies del Cristo en los vértices de la peana, dos de los cuales se salvaron de la hoguera y lucen a los pies del actual Jesús de la Columna.

Este antiguo Señor de los herreros y de los gitanos fue ampliamente elogiado por cuantos se detuvieron a escribir sobre su hechura. Así, el erudito local Narciso Díaz de Escovar vino a decir que se trataba, quizás, de la mejor escultura que existía en la Merced y una de las mejores de la ciudad, arrojando luz sobre su autoría y desmontando la opinión de Torres Acevedo que la había atribuido a Pedro de Mena. Cristo de los Gitanos, primitivo Jesús de la Columna al que el poeta malagueño José Carlos Luna dedicó uno de sus célebres romancillos describiendo el inicio de su procesión desde el antiguo templo de la Merced Calzada:

De par en par

se abren las puertas talladas.

Un huso de luz dorada,

en el frescor abrileño,

ensarta sombras moradas

y colorines risueños.

Asoma por el rellano,

temblándole las melenas,

<<El Cristo de los Gitanos>>.

-¡Brillante carne morena,

y engarrotada las manos!-

El antiguo Señor de los Gitanos sobre sus andas procesionales.

El antiguo Señor de los Gitanos sobre sus andas procesionales.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: